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Pobreza

Hoy, después de meses conviviendo con el virus, ya sabemos, entre otras cosas, que entiende de clases sociales; porque la pandemia está afectando muy gravemente a los colectivos más desfavorecidos, a los más vulnerables y a los que están en régimen de exclusión social.

Es en los barrios más pobres donde se producen más contagios, ya que son los que menos recursos tienen para protegerse contra el virus. Esta pandemia está consiguiendo que aumente la desigualdad, pues incrementa la diferencia entre los que más riqueza tienen y los que menos.

Y es que aumenta la pobreza severa en nuestro país. Son esas personas que tienen que sobrevivir con menos de 16 euros al día, afectando a más de 5 millones de personas en España. Crecen también las tasas de pobreza relativa, que encuadra a las personas que tienen que malvivir con menos de 24 euros al día; son ya casi 11 millones.

En los sectores más perjudicados porque han tenido que cerrar su actividad, es precisamente donde hay más precariedad laboral, más temporalidad, más contratos a tiempo parcial y salarios más bajos; la pandemia ha supuesto para ellos y ellas una profunda pérdida salarial;

Si a esto sumamos la población emigrante y las personas que están forzadas a una situación irregular, nos encontramos con demasiada gente que no tiene hogar, o donde calentarse.

Ello, sin olvidarnos de los jóvenes y de las mujeres, que son los colectivos donde más ha aumentado el desempleo y los que más poder adquisitivo han perdido, pudiendo darse el caso de que si eres mujer joven y migrante perteneciente a un colectivo racial estás condenada a la miseria más absoluta. No podemos permitir que la salida de la crisis y la vuelta a la normalidad se produzca a costa de un aumento de la desigualad entre ricos y pobres, entre hombres y mujeres, aumentando el desempleo de larga duración y condenando a los jóvenes y a los mayores de 55 años. No podemos permitirlo porque conocemos las recetas, y no son otras que apostar por políticas públicas que den prioridad a las personas, por potenciar nuestros servicios públicos, y, sobre todo, por subir el Salario mínimo interprofesional, las pensiones, complementar las prestaciones de los ERTES y aumentar los subsidios para quien no tiene nada. Porque es un dinero que se invierte en las personas que menos tienen y que revierte en mayores ingresos económicos para el Estado,  repercutiendo en el crecimiento económico del país;  porque es un dinero que estos colectivos destinan en su totalidad al consumo y si la gente gasta y consume, las empresas venden, lo que significa que no tendrán que cerrar o hacer ERTES. Supone también que pueden pagar impuestos y cotizaciones al Estado por lo que éste ingresa más, y que el Estado no tendrá que pagar tantas prestaciones por desempleo y subsidios.

Y esto hay que hacerlo dentro de un contexto del mercado laboral que apueste por la calidad en el empleo, eliminando la precariedad. Para ello es necesario, en algunos casos sustituir, en otros modificar, y en muchos eliminar, las normativas introducidas en la última reforma laboral.

Ya no caben coartadas, ni justificaciones. Sabemos qué tenemos que hacer, cómo hacerlo, y tenemos un Gobierno de izquierdas para llevarlo a cabo.

Por fin termina

Por fin termina este 2020, un año para olvidar y recordar. Por eso para este 2021 os deseo: mucha salud para vosotros/as y vuestras familias, sin ella lo demás no vale nada; mucha memoria para no olvidarnos de las miles de personas que se nos han ido, que lo dieron todo por nosotros/as y acabaron muriendo solas; sentido común para cumplir con las normas y recomendaciones sanitarias que salvan vidas; generosidad con los/las más perjudicados/as por esta crisis del virus, sin techo, sin comida ni calor; os deseo que tengáis mucha capacidad de consenso, complicidad y empatía para entender que solo con la suma de todos y todas, saldremos de ésta; que tengáis atrevimiento e imaginación para cambiar las cosas y hacerlas de otra manera más justa con este mundo y más inclusiva e igualitaria con las personas que estamos en él; y empleo, que no lo perdáis o que lo encontréis, porque todas y todos tenemos que tener el derecho de poder tener un plan de vida y un proyecto de futuro.

Aprovechemos este nuevo año para que podamos dejar de contar la cantidad de emigrantes que mueren en el Mediterráneo, los/as trabajadores/as que fallecen en sus puestos de trabajo y las mujeres asesinadas víctimas de la violencia de género. Con la suma de todas y todos vamos hacer que este 2021 sea mucho mejor.

Javier Fernández Lanero
Secretario General UGT Asturias

Nosotras trabajamos gratis

Es inevitable empezar cualquier comentario, artículo u opinión, sin lamentar las terribles consecuencias en pérdida de vidas humanas de esta terrible pandemia del COVID-19. Llevamos ya casi 40.000 personas fallecidas en nuestro país, de cuales 600 son en Asturias, donde actualmente se sufre la máxima incidencia del virus en esta segunda ola. Solo la esperanza de la inminente llegada de una vacuna el próximo año nos hace, dentro de la dramática situación, albergar un poquito de esperanza.

Pero hoy tenemos que hablar de otro virus que lleva mucho tiempo entre nosotros, que es la desigualdad de género y sus consecuencias inmediatas, entre otras, la brecha salarial. De ella se alimenta la violencia machista de género que mata a más de 130 mujeres al día de media en todo el planeta.

La brecha salarial en España, según los datos de Eurostat, está en el 14%; por eso todos los años por estas fechas la UGT pone en marcha una campaña para denunciarlo. Este año las  mujeres trabajarán gratis 51 días. Desde el día 11 de noviembre hasta el 31 de diciembre, ellas trabajan gratis.

Así, las empresas se ahorran 51 días del sueldo de las mujeres al año, lo que produce, entre otras cosas peores prestaciones por desempleo y pensiones más bajas para las mujeres.  Esto, además, supone menos ingresos para Hacienda y menos ingresos por cotizaciones a la seguridad Social. Una injusticia que este año es todavía más palpable si tenemos en cuenta el papel tan importante que han tenido las mujeres durante el confinamiento, arriesgando su salud en el desempeño de puestos de trabajo esenciales, en muchos casos con sueldos de miseria. También si pensamos en muchas mujeres víctimas de violencia de género, que han estado confinadas pasando miedo, sin protección. No olvidemos que las agresiones machistas a las mujeres mayoritariamente se producen en el hogar familiar.  

Todos tenemos que tenerlo claro, pero sobre todo hacer algo, para que ellas no trabajen gratis.

Para este virus de la desigualdad de género existe vacuna: Está en la concertación regional de Asturias con el registro oficial de planes de Igualdad, la creación de la figura de las Delegadas de Igualdad y el Plan de corresponsabilidad; está en el Real Decreto 6/2019, de 1 de marzo en el que se legisla en materia de Igualdad retributiva y en el Acuerdo para el Desarrollo de la igualdad efectiva entre mujeres y hombres en el trabajo.

Es necesario que todos estemos dispuestos a vacunarnos. Por una parte los Gobiernos, no solo apostando por la Igualdad -que ya lo hacen tanto a nivel nacional como a nivel regional de Asturias-, sino legislando más y poniendo más inspectores que vigilen y controlen que se cumpla la ley en materia de igualdad. También los hombres, no solo apoyando, sino colaborando activamente, con corresponsabilidad familiar, social y laboral para que la igualdad de género sea efectiva.

Y sobre todo tienen que vacunarse las empresas. En primer lugar no negando la brecha salarial, para luego acabar con los techos de cristal, los puestos de trabajo de mujeres, los complementos salariales de hombres y todos los demás roles laborales existentes.

Y creo que también necesitamos vacuna las instituciones para no callar, no permitir, no consentir los lenguajes y las acciones machistas que sin ningún reparo la ultraderecha traslada a la sociedad intentando volver a épocas pasadas de sumisión,  que no hacen más que menoscabar la valía y la actitud de las mujeres, minando su moral y restándoles capacidad y decisión.

Todos tenemos que tenerlo claro, pero sobre todo hacer algo, para que ellas no trabajen gratis.

Un debate sosegado, con llamadas al diálogo y a la responsabilidad

Esta semana se ha celebrado en el Parlamento regional el Debate de Orientación Política de Asturias, conocido comúnmente como debate sobre el estado de la región. Como era de esperar, ha estado marcado por esta pandemia que se está llevando tantas vidas por delante, y que, en su segunda ola, está afectando tan gravemente a nuestra comunidad.

Esta circunstancia requiere de un esfuerzo de todos los grupos en apoyo de las medidas recomendadas por los expertos sanitarios para rebajar cuanto antes el número de muertos y contagios, sacándolas del debate político, y centrarse en las medidas económicas y sociales que hay que poner en marcha para paliar las graves consecuencias económicas y sociales que esta segundo ola del COVID-19 va a dejar en Asturias.

En ningún caso debemos caer en el error de confrontar salud con economía; no es fácil tener salud sin economía, pero es imposible tener economía sin salud. Por lo tanto, la situación requiere poner lo mejor de cada uno de los grupos políticos para sumar todas sus ideas  y propuestas a lo ya pactado en la concertación regional (CREA) y así, entre todos, acertar en las principales medidas económicas y de protección social que necesitamos para que la pandemia afecte lo menos posible al empleo y para la gente más vulnerable no quede desprotegida.

Esta es la razón de ser de la política y la principal misión de un parlamento democrático. Dejando claro que en líneas generales estamos de acuerdo con los planteamientos del Gobierno regional, creo que ha llegado el momento de que ponga encima de la mesa las medidas concretas que piensa poner en marcha para solucionar los problemas que esta crisis sanitaria está dejando, tanto en materia industrial, como de infraestructuras, así como las ayudas concretas para sectores como la hostelería, comercio, turismo, formación no reglada, etc., que van a ser en primer término los grandes afectados. Y también concretar con qué recursos económicos y humanos vamos a dotar a nuestros servicios públicos tan indiscutiblemente necesarios: sanidad, educación, dependencia, igualdad.

Personalmente, tenía miedo de que éste acabase siendo un debate estéril y bronco al estilo de lo que, por desgracia, es habitual en el Parlamento español, donde se habla más de lo que se hizo en el pasado que de lo que hay que hacer en el presente y en el futuro; donde se utilizan por todos los mismos datos, tanto para defender como para atacar; donde, al final, erróneamente, parece que gana, no el que lleva mejores propuestas, si no el que tiene mejores cualidades para la exposición pública, el mejor orador.

Pero reconozco que, más allá de las críticas lógicas, las discrepancias previsibles o las típicas y tópicas muletillas de siempre, éste fue -con las deshonrosas excepciones del principal partido de la oposición y de la extrema derecha, que además no aportaron absolutamente nada- un debate sosegado, teniendo muy claras las prioridades de Asturias.

Reconozco que, más allá de las críticas lógicas, las discrepancias previsibles o las típicas y tópicas muletillas de siempre, éste fue -con las deshonrosas excepciones del principal partido de la oposición y de la extrema derecha, que además no aportaron absolutamente nada- un debate sosegado, teniendo muy claras las prioridades de Asturias.

Todo el mundo -espero que no de manera ficticia o táctica- llamó al diálogo, al acuerdo, a la responsabilidad y al consenso. Ahora hace falta  que esos llamamientos sirvan para sentarse a dialogar con responsabilidad, buscando los consensos que hagan posible el acuerdo.

Y por pedir, sí me hubiese gustado en este debate escuchar, no con indirectas sino con claridad, a todos los grupos políticos diciéndonos a los ciudadanos y ciudadanas de Asturias que, con todas las discusiones y discrepancias necesarias, no nos preocupemos, porque va a haber Presupuestos regionales que permitan poner en marcha, entre otras cosas, los acuerdos de la concertación social pactados con empresarios y sindicatos.

Un plan de choque contra la siniestralidad laboral

Estamos en la Semana Europea de la Seguridad y Salud en el Trabajo, que viene marcada en esta ocasión por una terrible pandemia que se está llevando por delante demasiadas vidas; por eso, lo primero que hay que remarcar es que es imprescindible que en todos los centros de trabajo se garantice que las personas puedan trabajar sin riesgo de contagio a la COVID-19.

Hay que insistir también en que las circunstancias de pandemia no deben suponer una merma en el cumplimiento y control de la normativa de vigilancia y salud laboral en las empresas en lo que respecta a la actividad laboral habitual, pues, aunque resulte chocante, la realidad que tenemos es que, a pesar de haber permanecido confinados y de que muchos trabajadores y trabajadoras están o han estado de ERTE, se está registrando un aumento muy significativo de muertes por accidente de trabajo con respecto al año pasado.

La Semana Europea gira en esta edición en torno al análisis de los trastornos musculoesqueléticos,  que son la primera causa de accidente laboral con baja en nuestro país y también, con mucha diferencia, el principal motivo de enfermedad profesional.

Compartimos este problema con la Unión Europea, donde tres de cada cinco trabajadores manifiestan padecer trastornos de espalda y de las extremidades superiores, sin duda originados por malas condiciones en el trabajo debido a factores físicos, organizativos o psicosociales.

Y lo peor de todo es que estos factores pueden derivar en enfermedades crónicas que inhabiliten a las personas para desarrollar su trabajo, lo cual va a impactar de manera muy negativa en su economía y en su vida social y familiar, lo que conlleva menor autoestima y más estrés. (A ello hay que sumarle el momento tan difícil que estamos viviendo como consecuencia de la pandemia por la COVID19, con los trabajadores y trabajadoras sometidos a elevados niveles de estrés, bien por el miedo al contagio por falta de adecuadas medidas preventivas y de protección en los centros de trabajo, bien por la sensación de incertidumbre ante la posible pérdida del empleo dada la crisis económica que atravesamos.)

Pero hay que saber que es posible prevenir los trastornos musculoesqueléticos en el entorno laboral; por eso es imprescindible que se realicen evaluaciones de riesgos ergonómicos en las empresas y se apliquen las medidas preventivas necesarias que garanticen el derecho de los trabajadores y trabajadoras a una protección eficaz de su seguridad y salud en el trabajo.

Por eso, en la Unión General de Trabajadores continuaremos exigiendo y reivindicando; continuaremos también desarrollando campañas informativas y de divulgación como las llevadas a cabo desde nuestro Observatorio de Riesgos Psicosociales. También hemos  participado en la creación y desarrollo de la plataforma EndStress.EU, una campaña impulsada por la Confederación Europea de Sindicatos, que tiene por objetivo sentar las bases de una nueva directiva de la Unión Europea para abordar el estrés en el trabajo, o, como estamos exigiendo, aumentar la inversión en salud mental y lograr que ésta sea una prioridad, pues han aumentado significativamente los riesgos psicosociales en el trabajo y sus consecuencias como el estrés, la ansiedad, el tecnoestrés… debido sobre todo a esta terrible pandemia, con sus confinamientos, los miedos al contagio, la no desconexión en el teletrabajo, la incertidumbre ante el futuro o la pérdida de empleo.

Sin duda, es necesario que todo esto se contemple dentro de un Plan de Choque contra la Siniestralidad Laboral, algo que hace tiempo que desde UGT estamos exigiendo. Porque no hay derecho a que mueran dos personas al día en este país por el simple hecho de ir a trabajar.

⇒ Vídeo: Acaba con los monstruos musculoesqueléticos.

⇒ Folleto sobre trastornos musculoesqueléticos.

Un plan antes de primavera, buenos proyectos y consenso, las claves para los fondos europeos

Últimamente se habla mucho de los fondos europeos, de que va a llegar mucho dinero a nuestro país y a nuestra comunidad autónoma. Pero si se analiza en profundidad y se escucha atentamente a nuestro eurodiputado Jonás Fernández, constatamos que esto no son matemáticas y vemos que una buena parte de los recursos económicos que pueden llegar a Asturias vía fondos europeos va a depender de lo que nosotros hagamos.

Es difícil manejar cifras con exactitud. Lo que sí sabemos es que las principales vías de fondos europeos, además de los estructurales y de inversión, son los Fondos para la Recuperación Europea y el Mecanismo de Transición Justa.

A través del Plan de Recuperación para Europa se han aprobado 750.000 millones de euros, de los que 390.000 son subvenciones a fondo perdido y 360.000, préstamos. 

Los 390.000 millones vienen mediante varias líneas, de las que la más importante es el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. Está previsto que el 70% de estos fondos se repartan entre 2021 y 2022 y el 30% restante en 2023.

Los fondos del Plan de Recuperación hay que distribuirlos ahora entre los estados miembro, y para eso cada país debe enviar a Europa su plan nacional detallando las inversiones y reformas que prevé realizar y las ayudas económicas que, en base a ellas, pide.

En buena lógica, el nuestro deberá recoger las recomendaciones que ha hecho a España la Comisión Europea, entre las que figuran asuntos como reformar el sistema educativo y fomentar la formación profesional. 

Se calcula que pudieran llegar a nuestro país 140.000 millones, de los que 72.700 serían ayudas directas, y habrá que ver cuánto llega a Asturias de esa cantidad. Tendremos que estar muy atentos y exigentes en las negociaciones para que nuestra región no quede relegada.

En  cuanto al Mecanismo de Transición Justa, a pesar de que aún no se conoce con exactitud el montante final debido a que se encuentran en negociaciones las cuantías, se prevé que podamos aspirar a 1.700 millones de euros, estructurados en tres pilares: para créditos al sector empresarial y administraciones públicas (investEU), unos 800 millones; para facilidades a las administraciones públicas, unos 300 millones y para el fondo de transición, unos 600 millones. 

Para acceder a estos recursos es imprescindible que Asturias presente un Plan de Transición antes de la próxima primavera y que éste sea aprobado la Comisión Europea. Debe recoger nuestra estrategia regional al año 2030, reflejando cómo vamos a cumplir con la reducción de emisiones. 

Posteriormente habrá que presentar los proyectos concretos a cada una de esas tres vías. Tendrán que estar relacionados con energías limpias, creación de empresas emergentes, generación de nuevas oportunidades económicas, renovación de edificios, etcétera. Y, algo muy importante: habrá que reservar dinero, porque los proyectos van a requerir cofinanciación. 

En suma, va a llegar dinero de Europa; vamos a tener que pelear con el Gobierno de España para que a Asturias lleguen los fondos para la reactivación económica y no se castigue con menos a quien en materia sanitaria ha hecho los deberes y pudo proteger mejor a las personas; vamos a necesitar buenos proyectos para acceder a los fondos de transición y, para todo ello, será preciso el consenso de las fuerzas económicas, políticas y sociales. 

Un consenso que, que en primer término, debe plasmarse en unos nuevos Presupuestos Generales del Estado y del Principado de Asturias que den cabida a todos estos recursos. Y ello, con una exigencia a la Unión Europea de que tiene que ser más ágil. Porque las ayudas las necesitamos ya. 

La economía de Asturias no puede esperar. Muchas personas están en situación límite y, desde luego, una transición solo puede considerarse justa cuando hay alternativas en tiempo y forma.

(Este artículo se publicó en el diario El Comercio el 7 de octubre de 2020)

Ponernos en marcha

Estamos en unos momentos en los que, por razones obvias, se habla mucho de los problemas, de las dificultades, de los riesgos y amenazas que tenemos en Asturias. Caemos en el pesimismo y trasladamos una imagen que dificulta que alguien de fuera tenga interés en invertir en nuestra comunidad autónoma. Con frecuencia, olvidamos las ventajas y oportunidades que tenemos en base a nuestras potencialidades, muchas veces desconocidas porque no las ponemos de relieve tan a menudo como los problemas. 

Pero tenemos muchas cosas buenas. Una de las primeras es nuestra tradición industrial. Debemos continuar siendo una región industrial. Para ello es necesario que se aborde urgentemente en nuestro país un plan estratégico industrial y, además, desarrollar de manera específica nuestro propio plan en Asturias, con medidas a corto y medio plazo y con una definición clara de lo qué queremos ser y hacia dónde tenemos que ir.

En este aspecto, necesitamos de manera inmediata un estatuto electrointensivo, que sitúe el precio megavatio/hora al nivel de países como Francia y Alemania. Además ese plan deberá, a raíz de un diagnostico acertado de nuestra industria, poner en marcha la modernización y adaptación de nuestros sectores industriales tradicionales, ver cuáles son los emergentes que podemos desarrollar aquí, apostar de verdad por la I+D+i, determinar qué formación hay que poner en marcha en base a los perfiles profesionales que se van a necesitar, apostar por proyectos industriales que sean estratégicos y ver cómo accedemos a fondos europeos para financiarlos.

También tenemos oportunidades en el desarrollo de energías renovables a través de proyectos eólicos terrestres y marinos y en todo lo relacionado con la rehabilitación energética de edificios. Paralelamente, la regasificadora de El Musel debe convertirse en una infraestructura clave, entre otros aspectos en su vertiente como almacenamiento de gas licuado para el repostaje de buques.

Hemos de ver además de qué manera ponemos en valor el patrimonio minero e industrial; lograr que la transición energética se convierta en una oportunidad de generar actividad, empleo e innovación; que el proyecto del área metropolitana sea más pronto que tarde una realidad: convertirnos en una gran ciudad de 800.000 habitantes que pueda dar servicios comunes e integrales al triangulo central y servir de vía rápida de comunicación con las alas de Asturias. Siempre bajo el prisma de una movilidad pública, eléctrica hasta llegar a una movilidad inteligente, y, por supuesto, dentro de una adecuada reordenación más equilibrada del territorio asturiano, captando nuevas oportunidades y empresas dispuestas a establecerse en las áreas más alejadas del centro y que ayuden a fijar población.

Es de gran interés también el Corredor atlántico con parada en Asturias como una gran vía de conexión comercial con Europa que, junto con la Autopista del mar y la Variante de Pajares nos doten de buenas comunicaciones atractivas para los inversores. 

Siempre analizamos el envejecimiento de la población en Asturias como una debilidad y deberíamos verlo como una oportunidad: la de poner en marcha actividades que den servicios de atención, de cuidados y también para, a través del envejecimiento activo, aprovechar las aportaciones que las personas mayores pueden hacer a nuestra sociedad. Tampoco debemos olvidarnos del turismo. A través de un plan estratégico tenemos que buscar la fórmula para desestacionalizarlo y apostar  por un turismo de calidad con una oferta de actividades de ocio, deportivas y culturales y mediante la puesta en valor de nuestro patrimonio cultural, como el prerrománico, la Ruta Jacobea, ello sin olvidar el valor intrínseco de nuestros valles, playas y montañas, así como nuestra apreciada gastronomía.

Y, por supuesto, hay oportunidades para Asturias en el campo de la investigación en las ramas biosanitarias y de salud, impulsada por la puesta en marcha del nuevo Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) en torno al cual se han creado importantes instituciones con la Fundación para la Investigación Biosanitaria de Asturias, que genera un fuerte impulso en la Universidad.

Deberíamos hablar también de otros sectores emergentes, como las actividades agroforestales, en plantaciones, reforestación o el impulso de sistemas silvo-pastorales en áreas estratégicas para la prevención de incendios forestales. Es preciso igualmente terminar con las brechas digitales que existen en Asturias, facilitando el acceso a internet, al teletrabajo y a la teleformación.

Y así podríamos seguir enumerando las muchísimas potencialidades que tenemos, pero lógicamente para desarrollarlas se necesita tener una estrategia a través de la cual determinar qué quiere ser Asturias mañana (hoy ya), qué iniciativas y proyectos tenemos que poner en marcha para ser eso que queremos ser y de dónde sacamos los recursos económicos.

Creo que en Asturias hay muchas ideas y buenas iniciativas, y vamos a tener recursos económicos a través de fondos europeo, por tanto solo nos queda definir esa estrategia. Y lo tenemos que hacer entre todos: Gobierno, Ayuntamientos, partidos políticos, empresas y sindicatos, Universidad y demás instituciones representativas. Para esto se necesita consenso, poner por encima de los intereses particulares los de Asturias y los asturianos, y esto nunca se nos ha dado demasiado bien. Deberíamos lograrlo ahora.

(Este artículo se publicó en el diario La Nueva España el 30 de septiembre de 2020)

Humanizar nuestra economía y nuestra sociedad

Este año no podemos celebrar el Día internacional de las personas de edad, pues esta maldita pandemia del COVID-19 se ha llevado por delante a más de 380 mayores en Asturias y a más de 20.000 en España. Y es que siempre que hay una crisis, causada por lo que sea, son nuestros mayores uno de los colectivos más perjudicados.

No hace falta ir muy atrás: en la crisis del año 2008, fueron nuestros jubilados y pensionistas quienes, dentro de la política austericida desarrollada en nuestro país, pagaron la salida de la misma con recortes en sus pensiones, aumentando los copagos sanitarios, reduciendo las partidas económicas para dependencia, y sufriendo los recortes del sistema público de salud. Recortes en recursos económicos, humanos, técnicos y logísticos, con lo que esto supone para el colectivo de mayores, mucho más vulnerable y necesitado de los servicios sanitarios. La reducción de la cobertura en atención primaria, atención domiciliaria, el aumento de las listas de espera, etcétera, puso en peligro sus vidas y, cuando menos, la calidad de las mismas.

En la pandemia actual, el coste en vidas humanas de nuestras personas mayores está siendo muy elevado, y todavía hay quien se atreve a pensar que los que no han muerto tienen que seguir pagando la crisis con sus pensiones; y para afianzar estos argumentos confrontan a nuestros jubilados y pensionistas con los jóvenes; o con la economía, o con lo que sea.

Y mientras tanto, nuestros mayores siguen aportando al 25% de los hogares el principal volumen de ingresos; siguen acogiendo a sus hijos e hijas que han perdido el trabajo otra vez; o continúan cuidando a sus nietos para que nosotros podamos trabajar, en una labor de valor incalculable, pues además de cuidarles, les enseñan, les educan, les dan cariño y les ofrecen protección en unas edades vitales para su crecimiento y desarrollo.

Tenemos que volver a humanizar nuestra economía y nuestra sociedad, y eso pasa por exigir que se ponga en marcha cuanto antes una Ley integral de derechos de las personas mayores, que contenga una protección específica a nuestros mayores en todos los ámbitos tanto de salud, vivienda, protección social, económica y jurídica.

También en el ámbito de la cultura el ocio, y siempre garantizando el ejercicio de los derechos de las personas mayores, la no discriminación por razón de edad, la igualdad de oportunidades y la atención prioritaria en situaciones de máxima vulnerabilidad. Además, esta ley debe garantizar que el envejecimiento activo sea una realidad con la participación de las personas mayores en la vida pública, tanto social como económica y política.

Pero esta norma solo tendrá sentido si toda la comunidad política, económica y social asume la importancia de atender, proteger y presumir de nuestras personas mayores. Eso se demostrará consensuando unos Presupuestos Generales del Estado y del Principado de Asturias que contengan las partidas económicas necesarias para proteger a este colectivo al grito de Nunca más recortes en nuestros sistemas públicos de pensiones, de salud pública, de dependencia, de protección social; eliminando de una vez el copago sanitario y la brecha salarial entre hombres y mujeres, que luego lo acaba siendo también en las pensiones.

Claro que, para todo esto, lo primero que debemos tener claro todos en este país es que el envejecimiento no es un problema, una rémora, una carga, o un mal divino; es simplemente un logro de toda una sociedad moderna que gracias a la investigación y a la innovación hemos conseguido alargar nuestra esperanza de algo tan valioso como es la vida.

Un Día de Asturias diferente

Celebramos un Día de Asturias diferente, metidos de lleno en una terrible pandemia que se ha cobrado demasiadas muertes en todo el mundo, muchas en España y bastantes en Asturias, pero con la convicción de que solo vamos a poder salir de esta crisis sanitaria -convertida ya en una crisis económica y social- si lo hacemos todos juntos. Hemos de ser conscientes no solo de cómo combatir y protegernos del virus sino también de que la unidad es primordial para reducir su impacto económico y sus consecuencias sociales.

Es, por tanto, el momento de poner lo mejor de cada uno de nosotros, de cada una de nosotras, al servicio del bien común; de corresponsabilizarnos para poner en marcha políticas que fortalezcan nuestro tejido productivo y protejan a los colectivos más vulnerables. Esta puede ser la oportunidad de hacer las cosas de otra manera y tenemos que aprovecharla, cambiando de modelo, construyendo un mundo más sostenible, poniendo a las personas en el centro de todas las políticas.

En este Día de los asturianos y asturianas debemos poner en valor el trabajo y la valentía de todo el personal sanitario y la labor de todos nuestros empleados públicos. Gracias a ellos y a ellas se pudieron salvar vidas y combatir mas eficazmente el COVID-19.

Este 8 de septiembre, Día de Asturias diferente, tenemos que recordar a todas la personas fallecidas, muchas de ellas mayores que pelearon toda su vida, en circunstancias muy difíciles, para sacar a sus hijos e hijas, y a sus nietos y nietas adelante, dándonos la oportunidad de tener un plan de vida. Para todas esas personas, nuestro máximo reconocimiento, y para sus familias un abrazo muy sentido de la Unión General de Trabajadores de Asturias.

Parece mentira

Parece mentira que en pleno siglo XXI una empresa como Chocolates Lacasa pueda despedir a tres trabajadores por el simple hecho de promover unas elecciones sindicales en su empresa, donde no existe representación sindical.

Conviene recordar que el papel que desempeñan las organizaciones sindicales en nuestro país está consagrado en su artículo 28 de la Constitución Española y el derecho a la representación sindical está regulado en los artículos del 62 al 68 de la Ley del Estatuto de los Trabajadores y en el artículo 10 de la Ley Orgánica de Libertad Sindical. Parece inmoral y éticamente reprobable que para limitar esta capacidad legal se recurra a la intimidación, chulería y maltrato, que es lo que supone el despido de estos tres trabajadores, además de condenarlos, en unos momentos sociales muy difíciles, al desempleo y a la humillación del descredito profesional.

A estas alturas, debería saber esta empresa que estas conductas y tácticas persecutorias y sin escrúpulos propias de dictaduras, nunca consiguen sus fines y lo único que provocan es un desprestigio de marca y una reacción en contra de la sociedad.

Desde la Unión General de Trabajadores queremos expresar nuestra total repulsa a estas conductas. Exigimos a Lacasa la readmisión inmediata de estos tres compañeros así como la celebración de elecciones sindicales libres.

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